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jueves, 11 de julio de 2019

Personajes mágicos: dragones, hadas, sirenas ¿Conviene contarles estas historias? - Parte 4

Pero, ya, mucho desvío del tema central.
Como les dije, yo no dejo de escuchar con atención las advertencias de otros padres de familia que opinan que fantaseo con el niño pues me ayudan a poner atención en los límites que debo poner. Y de alguna u otra forma estas historias suelen ser excelentes formas de enseñarles buenos ejemplos sobre la familia, el amor, la constancia, la amistad y muchas otras buenas prácticas a través de personajes tan pintorescos y peculiares como lo son aquellos de los que hemos hablado.
Hay una historia que al pequeño Giordano siempre le cuento, con esta le trato de hacer ver la importancia de la lectura y el poder que tiene el conocimiento.

Cuento: El dragón de las palabras.



Se dice que, hace algunos años, habitaba en un castillo de Europa una malvada bruja, al parecer era tan poderosa que a todas partes del mundo podía hacer llegar sus embrujos. 

La bruja sabía que los libros significaban progreso y libertad para la gente, y por lo tanto no concedía la posibilidad de que el pueblo se acercara a la lectura. Para lograr su cometido le daba a su dragón todos los libros existentes para que se los comiera. La astuta bruja tenía miedo de que la gente supiera más que ella, que aprendiesen a pensar y que de esta forma se levantarán en su contra y la despojaran de su poder. 

Así pasó el tiempo y las personas poco a poco se olvidaron de leer y pensar por sí mismas. Los niños se comunicaban únicamente a través de señas y sin la más mínima idea de lo que eran las palabras y su significado. Nadie les enseñaba a leer.
El dragón de la terrible bruja observaba tristemente lo que pasaba con la gente. Así que un buen día tomó una importante decisión: luchar contra la bruja y devolverle a los hombres el don de la sabiduría. Frente a la bruja el dragón abrió su boca decidido a expulsar una gran llamarada de fuego, pero tal fue su sorpresa que al intentarlo no logró su cometido. El pobrecillo solo expulsaba palabras, de tantos libros que se había comido.

Impresionado el dragón sopló y sopló hasta conseguir expulsar cada una de las palabras que se había comido. ¡Frases, oraciones y libros perdidos salieron de sus fauces! Las vocales danzaban, los personajes de cuento buscaban su hogar, y revoloteaban sobre los rostros de la muchedumbre, que se había agolpado, ante el ruido, frente al castillo de la bruja malvada.

Así el poder de la odiosa bruja se fue debilitando hasta quedar sepultada entre toneladas de libros, provenientes de las bocanadas de aliento del dragón.

Gracias a la buena acción del dragón los hombres recuperaron su libertad y libre pensamiento; también los niños aprendieron a hablar y pensar, poco a poco fueron recogiendo cada uno de los libros, dispuestos a colocarlos en las bibliotecas, en las escuelas y en sus casas.

Después de esto le agradecieron al dragón por haberlos liberado de esa terrible maldición. ¡Todos vivieron felices para siempre! Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Si escuchas en algún lugar el rumor de una leyenda que dice, «érase una vez el dragón de las palabras», corre hacia un libro cercano, agárralo fuerte, y léelo. Algunos aún dicen, que para que no desaparezca ni nos falte nunca más un libro, aquel dragón nos vigila y nos guarda…

Versión del cuento “El dragón de las palabras” de Almudena Orellana Palomares.

Pero aquí, el mejor cuentista es mi hijo Giordano. Me sorprende cuánta capacidad imaginativa hemos perdido los adultos con los años. Tal vez hace falta, de algún modo, no dejar de ser niños. Así podríamos ver el mundo con el mismo asombro con el que lo ven ellos.

-Continuará-

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