Es muy común que cuando hay un nuevo bebé en la familia o cuando se le presenta por primera vez a otros familiares, los adultos empecemos a hablarles con tonos agudos, palabras onomatopéyicas de dos sílabas (güau güau, run run, muuuu) o con un sobre énfasis en las palabras hasta el punto de ser indescifrable incluso para nosotros. ¿será bueno para los niños hablarles de esta manera?
Tal vez en nuestro modo pensar, hablarle "como un bebé" a un bebé, nos permite comunicarnos con él "en su propio idioma", pero según estudios realizados por el Instituto de Investigación de Ciencias del Cerebro Iken en Japón en colaboración con el Laboratorio de Ciencias y Psicología Cognitiva de París, demostró que esto no solamente es incomprensible para el bebé (y para nosotros) sino que es perjudicial para su desarrollo cognitivo y lingüístico.
El estudio constó de exponer a los pequeños a grabaciones de audio realizadas a 22 madres que hablaban en diferentes momentos del día con otros adultos. Los resultados mostraron un menor nivel de compresión del lenguaje cuando hablan con estos tonos agudos que cuando hablaban normalmente con otros adultos.
Emplear diminutivos, onomatopeyas o repetir palabras mal dichas por los niños, retrasa su proceso de aprendizaje al emplear vocablos primarios que, aunque logran generar una fácil retención a corto plazo, a largo plazo limita su incipiente "léxico".
entonces, ¿cómo debo comunicarme con ellos?
El fin de esto no es que dejemos de emplear este tipo de "léxico de bebé", sino que aprendamos a integrarlo al lenguaje normal, usando estos como onomatopeyas y solamente como onomatopeyas y dar paso a las palabras para generar una asociación, pues no es conveniente usarlas como una idea conceptual principal.
La Casita del Árbol te da otros consejos que puedes aplicar:
- Mirar siempre al niño cuando se le está hablando, que vea nuestro rostro.
- Utilizar gestos y expresiones faciales. Estas son otra excelente forma de comunicarnos con ellos, a través de el lenguaje corporal.
- Si el niño está hilando sus primeras frases, lo mejor es no interrumpirlo. Si vemos que no es capaz de cerrar una oración podemos ayudarle, pero siempre respetemos el esfuerzo que hace.
- Corregir las palabras que use mal y no usarlas de manera cotidiana.
- Remplazar el tono monótono y hablar con voz melodiosa.